Un ingeniero de Google contó cómo logró construir en tres meses un proyecto que venía postergando hacía ocho años. La IA fue clave para destrabarlo, pero también lo llevó a tirar un mes entero de trabajo y empezar de nuevo. Al mismo tiempo, varias empresas empiezan a medir productividad por tokens consumidos, como si quemar más IA fuera igual a trabajar mejor. El problema no es la IA: el problema es olvidar que el software necesita criterio, arquitectura, contexto y alguien que se haga cargo de las decisiones difíciles.
Vivimos enamorados del programador 10x, esa figura que produce como diez. Pero después de muchos años liderando equipos, aprendí que el rendimiento de un equipo no es la suma de los rendimientos individuales, y que muchas veces la persona más valiosa no es la que más código escribe. Apoyándome en algunas ideas de CEO Excellence, quiero discutir por qué el foco debería correrse de qué hace cada uno hacia cómo trabajamos juntos.
En marzo escribí sobre el vibe coding en pleno auge. Cuatro meses después, con el ruido más bajo, se puede empezar a separar lo que era hype de lo que era señal. La idea perdurable: las modas técnicas no son ni la revolución que prometen ni el fraude que denuncian sus críticos; dejan un residuo útil cuando una tiene la paciencia de esperar a que baje la espuma.